Desde Copiapó, la travesía se adentra en el desierto más árido del planeta, cruzando caminos ancestrales hasta la Mina San José. La ruta se eleva hacia el Salar de Maricunga, donde la altura, el silencio y la inmensidad del altiplano transforman la conducción en un rito de resistencia y precisión. El viaje desciende hacia la costa, uniendo desierto y mar en un final que celebra la hermandad, la superación y la libertad sobre dos ruedas.